La lógica, es la manera de pensar más común del ser humano para poder comprender los fenómenos del mundo y enigmas de la naturaleza.
Desde los tiempos de los grandes filósofos griegos se nos ha inculcado que el pensamiento mismo debe tener ciertas características para ser considerado como racional o irracional, por ejemplo: “Si recogemos una piedra, e inmediatamente la soltamos, es obvio que esta caerá de manera vertical a la tierra porque sabemos que toda la materia esta gobernada por la fuerza de gravedad, que es la responsable que todas las cosas se mantengan en tierra firme producto de su propio peso. Si ocurriera lo contrario, seria ilógico e incomprensible para nuestra mente”.
Tal vez, la naturaleza nos muestra una realidad que para nuestro diminuto intelecto es considerado como algo normal por el solo hecho de que la naturaleza lo presenta de esa manera. De todas formas, quizás la verdadera realidad de esta yace escondida a nuestros limitados ojos, y puede ser totalmente distinta de lo que creemos.
En consecuencia, si esta misma naturaleza nos hubiera mostrado desde un principio que las piedras no caen al suelo al soltarlas, y que las cosas con el tiempo rejuvenecen en vez de seguir envejeciendo, de igual modo sería razonable y lógico para nosotros.
De igual forma, estamos regidos por una ley de causa y efecto. Si por el contrario, esta ley se invirtiera por efecto-causa, no tendría ningún sentido, ya que nuestra condicionada mente desde su nacimiento, se fue desarrollando con la idea y experiencia de que causa es primero y efecto es después, de lo contrario, su acostumbrada estructura mental se desarmaría por completo, llegando a un desorden cognitivo que llamamos “incoherencia”; simplemente porque nuestro pensamiento con el conocimiento empírico de toda una vida, fue bruscamente alterado y cambiado, ya que nuestro cerebro siempre estuvo acostumbrado a seguir el mismo patrón natural.
De todas formas, el concepto de lógica es creación humana, y no es más que una idea que puede variar, ya que al ser originada por nosotros, es limitado e imperfecto. Por consiguiente, lo irracional es incomprensible para la mente humana por ser lo contrario y distinto a lo que siempre le presentó la naturaleza, ya que lo irracional carece de ese orden que llamamos “coherencia” al cual estamos tan acostumbrados.
Por lo tanto, todo lo que no podemos entender lo consideramos irracional o ilógico porque simplemente no lo podemos explicar, o porque la ley de la naturaleza no lo muestra así. A pesar de eso, lo que pensamos que es incomprensible por falta de lógica, quizás puede ser entendido por una mente infinitamente superior a la nuestra, ya que esta, no necesitaría de ese primitivo orden coherente ni de la experiencia natural para comprender como funciona el universo, ya que esta inteligencia inmortal se encontraría fuera de la ley de causa y efecto por la cual se rige toda la materia.
Así es que, finalmente llegaríamos a la conclusión, que si la razón es humana, lo irracional es divino.
A pesar de todo, los conceptos tanto de lógica como de irracionalidad no son más que meras ideas del ser humano, e incluso, el mismo concepto de pensamiento es creación nuestra. Por ello, la verdadera y única realidad de todo lo que ocurre en la naturaleza, siempre será un gran misterio para el diminuto intelecto de los simples mortales.
El espacio y el tiempo, no son más que ilusiones que se albergan en la mente del hombre para clasificar, medir, y cuantificar algo totalmente intangible, con el objetivo de calcular la duración y trayecto de toda la materia. Por ello, el movimiento o transformación de cualquier cosa orgánica o inerte, pueden ser los propulsores del tiempo, ya que desde el inicio del movimiento se puede calcular el espacio de tiempo transcurrido hasta su término.
Algo similar ocurre con el cambio o transformación de la materia, porque el espacio de tiempo recorrido se mide desde su apariencia o forma inicial hasta su apariencia final, por ejemplo: “El crecimiento de un árbol desde su nacimiento hasta su muerte, o el desgaste erosivo de una roca”.
En este caso, entre mas grande sea la trayectoria del espacio temporal, mayor será el cambio o evolución de las cosas. En definitiva, gracias a los rasgos característicos de la materia, podemos ser capaces de trazar una línea imaginaria con un principio y un fin para poder cuantificar su duración y recorrido, los cuales denominamos espacio y tiempo.
Por ello, si no hubiera forma alguna de calcularlos, estos últimos, simplemente no existirían, solamente vivirían encarcelados en lo profundo de nuestra conciencia, sin rumbo fijo, esperando tener un destino tangible para salir en libertad. “Al igual que fantasmas amorfos y errantes atrapados eternamente dentro de una metafísica y basta prisión que llamamos: Pensamiento.”